sábado, 14 de febrero de 2009

Aeropuerto Barajas de Madrid, España.

Yo opino… aunque nadie me pregunte

Escribo esta opinión un poco porque estoy indignada y un poco porque no tengo más ganas de contar el cuento.
Los que me conocen lo saben, yo era la que se iba a Chipre… pero sólo llego a España!

Después de 13 horas de avión interminables (turbulencias continuas, asiento pequeño que apenas se reclina, en fin, todo sea por amor), llegué al aeropuerto de Madrid, dónde tenía mi vuelo de conexión a Grecia, el que nunca pude tomar y del que aún espero respuesta de si lo cancelaron (cosa que dudo), como me dijo que sucedería el Dr. César Pinto Cañón, abogado de oficio que se ocupo de “mi caso”.
Mi caso: no se bien cual es… ya que apenas me acerqué a la oficina de migraciones y presente mi pasaporte me dijeron “espere allí por favor”.
Me fui a sentar dónde me indicaron junto a “la separada” (voy a proteger identidades)… hola, le digo, sos argentina? su respuesta es: si, no se que pasa que me tienen acá…
Y a los pocos minutos se nos suman dos personas más, “la madre” y “la hija”, argentinas también por supuesto.
Después de 30 minutos (allá a lo lejos veía mi maleta dar vueltas y más vueltas sola y desamparada y pensaba en el termo y el mate y el kilo de yerba) nos hicieron algunas preguntas del tipo: a que viene, cuanto dinero trae, mientras se quedaban con nuestros tickets y nuestros pasaportes; a lo que se le suma el: acompáñenme por acá…
Subimos escaleritas y nos esperaba una oficial de la policía que nos dijo: luego vamos a interrogarles porque no cumplen con los requisitos (yo pensaba: que requisitos? se me va a ir el avión…), y claro, se lo dije: va a demorar mucho? tengo mi vuelo a las 12:00 hs… me respondió: no no… (yo no se bien cual es el concepto de poco en España porque yo estuve encerrada 15 hs… para mi es bastante…).
Lo siguiente fue dejar todas nuestras cosas (celulares, cámaras de fotos, lapiceras, todo todo) y que otra oficial nos palpe; ya seguros de que no teníamos… pito? armas? olor a perfume? o algo que no se me ocurre, nos mostraron el lugar dónde íbamos a permanecer que era básicamente un salón grande rodeado de habitaciones con camas cuchetas y unas frazadas no muy limpias que digamos, eso sí, tenía tele y tres teléfonos públicos enloquecidos entre llamadas entrantes y salientes de las 20 personas aprox. que convivíamos armoniosamente, ya que hablábamos todos el mismo idioma (salvo por el portugués, que con buena predisposición uno lo entiende).
De curiosa nomás, después de que una asistente social me vendiera una tarjeta de teléfono, me puse a hablar un poco con mis concubinos haber si desculaba de que iba la cosa… con la sorpresa de que, si! éramos todos latinos!!! Todos hermanos Sudamericanos!!! Uruguayos, Brasileros, Argentinos y Paraguayos.
Fue ahí cuando pensé: esto no se trata de personas, ni de requisitos, se trata de banderas.

Intento resumir, lo juro!
Después de un par de horas que no se cuantas fueron porque no tenía mi reloj, nos llamaron a declarar (una declaración tipo interrogatorio) con la presencia de un abogado de oficio. Cuando terminé le pregunté: y ahora? El me dijo: tenés que esperar a ver que dice el jefe, esto es una lotería…
Mientras esperaba que todos declaren para que nos lleven de vuelta a nuestro “hogar involuntario” me puse a charlar como es mi costumbre. Y ahí me enteré por “el uruguayo rico” que todos los que subían las segundas escaleritas (como nosotros) nunca llegaban a destino y que para él fumar era un vicio al pedo… y a vos? que te falta? le pregunté, nada, me dijo… cómo nada? no me falta nada pero además de mi extracto bancario (en su cuenta tenía 10.000 euros, si, 10.000!!!) y la reserva de hotel me piden una carta de invitación… Yo pensé: Ha bueno!, nos tapó el agua…

En fin, volvimos a “la salita” (viste que uno se encariña con las cosas, hasta con las más siniestras), ya éramos menos, porque el vuelo a Paraguay salía temprano; pero los teléfonos no paraban nunca, así que nos turnábamos con la labor de recepción y si sabíamos algo de los “devueltos” le avisábamos a sus familiares.
Nos trajeron algo así como la cena, que era incomible (como la de las pelis), pero el agua era agua como siempre y eso es bueno.
Justo cuando terminé de no comer apareció una oficial a decirnos (a mí y a “la separada”) que nuestro vuelo salía en ese momento. Sin más, nos devolvieron nuestras cosas en una hermosa bolsa de consorcio y nos escoltaron (si señor!) dos oficiales hasta el avión, en patrullero obvio!
Aplausos!!! Casi soy una delincuente!


Demás está decir, que después de asesorarme sólo me queda asesinarme porque no puedo reclamarle nada a nadie, sin contar que en el consulado no me atendieron el teléfono y que el Dr. César Pinto Cañón aún no me responde el e-mail que le mandé…
Pero bueno, yo sólo perdí dinero… más se pierde en la guerra todo el tiempo y por lo mismo, intereses económicos y banderas.


(Si leíste hasta acá gracias! y si tenés ganas compartilo con los tuyos, a ver si encuentro algún damnificado más que lo haya padecido y no me siento tan pelotuda)

"No Admitidos"

"No Admitidos"
Diario Perfil (click en la imagen)